martes, 30 de octubre de 2012

Cazador cazado



   A pesar de que siempre he sido un gran aficionado a la caza, he sabido distinguir perfectamente de la caza meramente valorada como deporte y la caza directamente ligada a la ostentación de poder económico, de diversión.

   Hoy he compartido mesa y mantel con cuatro compañeros de trabajo, pero a la hora del postre recibía en mi teléfono móvil una llamada de un conocido, dedicado profesionalmente a la caza, en otras palabras, lo que se conoce como cazador profesional o guía de caza.

   Luis (que es su nombre), me hacía un breve resumen en cuatro minutos escasos de conversación de la tremenda situación por la que atraviesa la economía lúdica española, queda muy lejos aquellas sonrisas como las de la fotografía que encabeza el post de hoy. En la actualidad, se muestran a la cámara fotográfica pocas dentaduras blancas posando sobre un venado medalla de oro, ante un magnífico gamo o ante un jabalí de irrepetibles colmillos.

   Está claro el por qué; todo va aparejado al dinero. Hasta no hace muchos meses, empresarios importantes de nuestro país como el propietario de la conocida marca de talleres Aurgi o el poseedor de la firma de cerveza Mahou preparaban unas cacerías de aupa para invitar a sus coleguitas a machacar a tiros innumerables cabezas de venado, de muflón o de gamo, y si sobraba tiempo les daban una buena batida a los jabalíes para terminar de pelar las inmensas fincas, compradas con dinero de dudoso proceder...

   Luis, que habitualmente suele realizar unos treinta o cuarenta safaris contratados por clientes, ha pasado la totalidad del verano en Madrid, sentado junto al teléfono de su casa, esperando la llamada que le hiciese pactar un precio cerrado para poder sacar un poco la cabeza del cubo de agua en el que se ha convertido la economía española. Rinocerontes, jirafas, elefantes, ñus, cebras, se estarán frotando las pezuñas al descubrir que viajan muchos menos españoles a tierras africanas para quemar proyectiles y vaciar botellas de ron.

   Siempre, de verdad, siempre me ha gustado la caza, pero en su justa medida. Jamás he matado ningún animal africano ni creo que lo hiciese nunca, pero lo que si es cierto es que me alegro en grado sumo de que aquellos trajeados mandriles que hasta no hace mucho tiempo presumían de liquidez hayan tenido que poner los pies en la tierra y equipararse a los que disfrutábamos asando unas chuletas en la barbacoa con nuestros amigos mientras que ellos tenian a sus pies a medio Continente africano.

   Lo siento por Luis y gente como él, que no han sabido o no han podido ganarse la vida de otra manera, e indirectamente, de una época gloriosa han pasado a vivir el día a día de una manera más que dificultosa, pero es que es cierto, no podemos acordarnos de Santa Bárbara sólo cuando truena, así que ahora a cazar moscas en lugar de elefantes, bueno, excepto Don Juan Carlos...

   Buenas noches a tod@s.

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